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Un día en el Delta del Okavango

Empezaba a clarear el cielo cuando con un "noc, noc", fuimos despertados por un africano que nos traía café y té calientes a nuestra lujosa tienda de campaña. Afuera, los sonidos de la fauna salvaje hacían que nos sintiéramos como en una película. Rápidamente nos dimos un regaderazo en nuestro baño privado anexo a la tienda de campaña y salimos caminando entre árboles y arbustos hasta la gran tienda de campaña donde se servía el desayuno mientras disfrutábamos de un hermoso amanecer con rugidos de león no muy lejanos!

A las 6:45 a.m., vestidos únicamente con nuestro traje de baño y a lomos de un caballo empezamos nuestro primer día de cabalgata en el Delta del Okavango. La noche anterior, a la luz de una fogata, "PJ" nuestro anfitrión y guía, nos explicó el procedimiento para nadar con los caballos. Íbamos a pelo y el caballo únicamente llevaba puesta las bridas. Nos dirigimos al sitio por donde los caballos tendrían que nadar con nosotros sin tener el riesgo de encontrarnos con un cocodrilo o con un hipopótamo. Era un momento muy emocionante! Nos acercamos al agua, los caballos empezaron a caminar aguas adentro y de repente.... mi caballo empezó a nadar y yo simplemente me agarré de la crin y dejé que mi cuerpo flotara sobre los lomos del caballo mientras el nadaba y yo cuidadosamente lo dirigía con las riendas en una mano. Fue maravilloso!

Nuestros albardones, ropa de montar y toallas para secarnos habían sido movidos hasta el otro lado del río en un "mokoro", canoa hecha con un tronco de árbol y usada por los nativos de esa zona. Una vez secos, vestidos y con botas, nuestra montada empezó siguiendo el rastro de una manada de 200 búfalos. Fue emocionante seguir el rastro hasta que con un largo galope nos colocamos en un sitio donde "PJ" había previsto que podríamos verlos pasar muy de cerca. Y así fue, pasaron corriendo enfrente de nosotros, de repente se pararon, y todos a la vez nos voltearon a ver con esa mirada impenetrable que tienen y finalmente siguieron su camino entre una gran nube de polvo!

Mientras montábamos entre manadas de cebras y jirafas, "PJ", un amante de los pájaros, nos señalaba las distintas aves que veíamos en nuestro camino. De repente, mientras caminábamos al lado de uno de los ramales del delta, una manda de más de 150 elefantes empezó a salir de entre los arbustos a unos 200 metros delante de nosotros! Empezaron a cruzar el río, nosotros nos quedamos quietos y en silencio para nos ser olfateados u oídos, y en medio de los gritos de los pequeños elefantes que buscaban a sus madres en aquella gran caravana, disfruté de otra maravillosa experiencia en África!

Después de un placentero lunch bajo la sombra de un enorme árbol, tanto los caballos como nosotros estábamos listos para reanudar nuestra travesía. Galopamos sobre espejos de agua, seguimos frescas huellas de león (algunos de nosotros esperando no encontrarlo), y con el atardecer y una hermosa puesta de sol llegamos a nuestro destino. Para nuestra gran sorpresa y regocijo, las tiendas de campaña en este campamento yacían sobre palafitos. Desde las alturas de las copas de los grandes árboles que crecían a la orilla del agua, nuestras habitaciones nos permitían ver a lo lejos elefantes bañándose en el agua y jirafas que placidamente comían de las altas ramas al tiempo de que pasaban casi desapercibidas por nuestros ávidos ojos.

Por la noche bajo un gran cielo estrellado, muy distinto al que se ve en México, nos reunimos junto a la gran fogata con copa en mano para escuchar emocionantes historias de sucesos en otras cabalgatas. El menú de la cena fue anunciado y pasamos a la gran mesa para una vez más, disfrutar de una delicioso comida. Llegó la hora de retirarnos a nuestro palafito, y con una linterna en mano y muy atentos a los sonidos nocturnos, nos fuimos a acostar. Antes de dormirme, disfruté el hecho de dormir en contacto directo con la naturaleza y al mismo tiempo con un lujo y detalle que nunca imagine!

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